La nada como tratamiento
Meditaba sobre la nada. Uff, la nada, el pensamiento me eligió. Y se mantuvo fuerte durante el inicio. No se dejó distraer por otras direcciones mas atractivas pero menos valiosas para la relajación. Me sentía afortunado y aventajado por la situación directa del cerebro al hacerse cargo del concepto “nada” sin llegar a proponérmelo. Era perfecto, nada aparecía y nada volvía a aparecer. Las sensaciones habían abandonado los pensamientos y el cuerpo descansaba pesadamente sobre la cama. Una idea sin sentido desafío a la nada. Era un lazo rojo, que se mantenía en el aire haciendo cabriolas y serpenteando voluptuoso al antojo del viento. El lazo rojo, el aire, el serpenteo del dichoso material habían desalojado a la nada. La habían desahuciado violentamente y ahora cintas rojas, gimnastas desnudas y serpientes habían frustrado mi meditación en un espacio tan breve de tiempo, q ni siquiera sé si las serpientes eran antes que los lazos.
Relajación frustrada.