El debate de Travis
La televisión local del pueblo de Humilla apenas se mantenía económicamente. Eran pocas las ayudas que recibían de la comunidad y los impuestos tenían otras prioridades. La programación era pobre, los concursos de tarde noche no conseguían entretener a los pocos televidentes q sentados en sus sofás buscaban el relax después de un duro día de trabajo y los espacios dedicados a las noticias estaban demasiado tergiversados por la mano del alcalde. A pesar de todo, los sábados por la noche emitían un evento en directo q mantenía a todo el pueblo pegado a sus televisores. Era un simple debate entre dos ilustres humillenses, el profesor Robledo y el abogado Brezo.
El programa era comúnmente conocido como Roble contra Brezo y nació hace dos años a raiz de una discusión muy acalorada entre ambos durante un coloquio. El profesor defendía el derecho de un estudiante de la localidad a una beca de estudios por resultados positivos en sus calificaciones y el abogado clamaba al cielo alegando decenas de razones urbanísticas q priorizaban sobre la educación. El profesor intentaba hacer entender al abogado que la educación de los estudiantes del pueblo y su preparación para la enseñanza de grado superior suponían los cimientos de un futuro profesional e intelectual. Y el abogado se reía de la ingenuidad del profesor y le faltaba con pequeños insultos q realmente salían de su corazón y le espetó a la cara q esos muchachos que él defendía tan fervientemente como el futuro del pueblo, se largarían de Humilla a las primeras de cambio, q los abandonarían en cuanto pisaran la universidad de la gran ciudad.
El debate fue tan intenso y sonado q al dia siguiente no se oía hablar de otra cosa. Y tan rápido como un rebaño mezclado es capaz de separarse y distinguir a su pastor, el pueblo se dividió y eligió su guía. Durante semanas no se oía hablar de otra cosa que no fuera la discusión entre el profesor Robledo y el abogado Brezo, en los comercios, en los edificios públicos e incluso en la iglesia, pero donde mas repercusión tuvo fue en los bares donde el vino es capaz de dar tal veracidad a los propios argumentos que varias fueron las discusiones que terminaron en peleas. El médico, que se postulaba del lado del abogado atendía con desigual interés las heridas de los enfrentados, dependiendo de que lado estuvieran.
Con tal revuelo montado, la cadena local se citó con los dos protagonistas y les propuso participar en un espacio único y sorprendente en el que por medio de un arbitro moderador, debatieran sobre los temas de actualidad de la localidad. Era una magnifica oportunidad para la cadena de aumentar los niveles de audiencia y el alcalde se frotaba las manos con el auge que cobraría la casi extinguida televisión. El hombre que a pesar de simpatizar con los pensamientos del abogado, nunca se decantó en público por ninguno de los dos.
Los siguientes debates fueron tremendos duelos lingüísticos entre ambos. Defensas y ataques vehementes justificaban las charlas de los lunes en los puestos de trabajo. Y cada sábado otro tema hacía saltar chispas en los televisores y en el sencillo plató de la cadena. Hubo veces que el moderador y miembros del equipo de rodaje tuvieron que intervenir para que la discusión no llegara a mas. Pero pasaron los meses y los asuntos del programa iban perdiendo importancia pero para los duelistas no. Al contrario, cada sábado se preparaban en sus casas como verdaderos púgiles, desayunaban fuerte, leían todos los diarios del quiosco para tener la mayoría de los datos bien contrastados y apenas prestaban atención a los asuntos domésticos que les rodeaban.
Hace pocos meses el programa presentaba como tema de controversia el habilitar zonas para perros en los parques. A pesar de que el profesor Robledo tuviera un magnífico ejemplar de fox terrier llamado Travis al que adoraba, y sacaba a pasear todos los días de la semana a excepción de los sábados, curiosamente se mostró en contra de la creación de estos espacios. Y sencillamente lo hizo porque el abogado Brezo que empezó el turno de palabra, se había postulado a favor. Y tan fuerte era el odio que se tenían que hasta sus propios ideales se habían nublado. Y lo que antes pensaban que era admisible, no podía ser aprobado por las dos partes. El juego se había viciado y el rencor y aversión que se reparaban ya no justificaba sus ideales.
Los sábados pasaron y el público que en masa se había dejado liderar por unos pensamientos en su origen puros y primitivos, habían perdido gran parte del interés. Ya no se sentían representados, no pertenecían a esos ideales, se delataban adulterados por el odio y el ansia de victoria.
La audiencia bajó totalmente el sábado pasado cuando para ver quién llevaba razón respecto a mantener cerrada una presa o abrirla, se lo jugaron a un pulso. El que ganara, llevaría razón, y el otro aceptaría la derrota y se arrodillaría ante el todopoderoso vencedor. El espectáculo resultó tan vergonzoso que la cadena de televisión local no sólo canceló el debate de los sábados, si no que cerró por orden del alcalde de forma radical.
Un grillo sonaba a lo lejos y mientras se rascaba con la pezuńa un costado, se despertó. Era un nuevo dia. A los pocos segundos Travis recordó el sueño que había tenido. Era una pesadilla inquietante, en toda su vida canina había soñado con humanos y mucho menos cosas tan extrańas y surrealistas. A los 10 min estaba corriendo por el parque y veía a su amigo Robledo con cierta aspereza. No entendía la negativa a la creación de zonas especiales para los de su raza. A la hora, el recuerdo onírico había dejado de existir y comía pienso de un bol mientras olisqueaba cierto olor a hembra que le llegaba del aire.