sábado, 26 de julio de 2014

Desde Mubaria

Desde lo mas profundo que puedo llegar a estar dentro del cerebro de este animal, que es absolutamente nada, puedo asegurar que esta a punto de dormirse. Sentado en la cama, con los ojillos medio cerrados, que delatan en la comisura una legaña, y que tratan de mantenerse vigilantes de mí, que es lo único que tiene enfrente. Puede pasarse horas así, debatiendose entre la vigilia y el placer de hacerse en ovillo y dormir a pierna suelta.
¿Qué diablos significará esa actitud? ¿Quiere demostrar su amor y amistad manteniéndose despierto mientras yo lo esté? ¿Está esperando algo?…
Son jodidos los gatos…
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La nada como tratamiento

Meditaba sobre la nada. Uff, la nada, el pensamiento me eligió. Y se mantuvo fuerte durante el inicio. No se dejó distraer por otras direcciones mas atractivas pero menos valiosas para la relajación. Me sentía afortunado y aventajado por la situación directa del cerebro al hacerse cargo del concepto “nada” sin llegar a proponérmelo. Era perfecto, nada aparecía y nada volvía a aparecer. Las sensaciones habían abandonado los pensamientos y el cuerpo descansaba pesadamente sobre la cama. Una idea sin sentido desafío a la nada. Era un lazo rojo, que se mantenía en el aire haciendo cabriolas y serpenteando voluptuoso al antojo del viento. El lazo rojo, el aire, el serpenteo del dichoso material habían desalojado a la nada. La habían desahuciado violentamente y ahora cintas rojas, gimnastas desnudas y serpientes habían frustrado mi meditación en un espacio tan breve de tiempo, q ni siquiera sé si las serpientes eran antes que los lazos.
Relajación frustrada.
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enjaulado

Enjaulado



Llevaba alrededor de cuarenta minutos sentado en su sofá favorito del salón mirando fijamente la puerta que daba a la calle, mas concretamente se fijaba en el portero automático. La vista del viejo era perfecta y aunque a veces se nublara, era capaz de atravesar el oscuro pasillo y centrarse en el objetivo. Durante ese tiempo no le fue posible evitar el incremento de ciertas sensaciones desagradables que le venían acompañando desde el día que concretó la fecha con los servicios sociales de su municipio. Fue hace un mes de aquello y aún se enfuruña pensando en cómo se pudo dejar engatusar. La asistenta social que le atendió, una joven pelirroja de cara regordeta y salteada de pecas, fue tan amable con el viejo que estuvieron charlando y riendo en ocasiones, durante cerca de una hora. Él, aconsejado por un vecino, pretendía que le recomendaran algún tipo de mascota para enfrentarse a la soledad que según sus palabras le chupaba el corazón hasta dejárselo como una uva pasa. Su mujer, dijo, se había ido a ese barrio que hay detrás de las estrellas, y a pesar de sus celo por acompañarla, nunca quiso desistir del hastío de vivir. La muchacha, que por joven e inexperta no debía porque carecer de cariño y encanto, le recomendó encarecidamente que se dejara visitar por un voluntario. Existía un servicio social nuevo y gratuito de acompañantes que ayudaban a pasar los momentos de aislamiento, eran generalmente personas dispuestas a colaborar sin recibir nada a cambio, y que tan solo tenían que pasar unas horas charlando, jugando al ajedrez, o simplemente estando presente. Y que además si quería tener una mascota, que no lo dudara y que ella misma se encargaría de encontrar la mas adecuada a su perfil. El viejo disfrutaba platicando con la muchacha y a medida que transcurría la conversación se iba sintiendo mas y mas cómodo. Ensalzaba a la joven por su desenfado, y con cierto pudor, por su juventud y belleza. El viejo, un tanto obnubilado, aprobó a regañadientes el consejo del asistente voluntario que amigablemente le ofreció la chica y aceptó encantado la mascota que le había prometido conseguir. Se dieron la mano como profesionales que cierran un trato y le acompañó a la salida recordándole que estuviera atento al teléfono, que se pondrían en contacto con él para indicarle la cita con el voluntario y los avances con el presumible perrito.
¿Por qué tenía que venir nadie a su casa a hablar de temas absurdos y banales?, ¿no estaba suficientemente claro que la persona que apareciese esa tarde lo hacía por pena?. Le angustiaba pensar que la vejez y su cómplice el tiempo le estaban humillando. Sentado en su sofá favorito y mirando el portero automático se hizo eco del presente al escuchar el sonido del timbre de la puerta. Los nervios le invadieron y le atraparon unos segundos en su profundo cetro de cuero. Estaba sobresaltado y apenas podía levantarse. ¿Estaría abierta la puerta del portal y por eso llamaba directamente a la puerta?, ¿sería un hombre joven, adulto, una mujer quizás?. Por fin, se desencadenó del miedo y con pasos largos y altaneros se dirigió a la puerta. ¿Qué es lo peor que me puede pasar, que me sienta humillado, desvalido y ayudado por alguien a quien doy pena?, y si es así… Mañana hablo con aquella asistenta social tan agradable y que…
-Guau!! Guau!!
-¿Está usted ahí?, soy la chica con la que habló el otro dia. ¿Hay alguien ahí?
Estaba confuso y sorprendido. Quitó el cerrojo de la puerta con dificultad y antes de que pudiera abrir del todo una perrita correteaba entre las piernas del viejo moviendo la cola como el parabrisas de un turismo.
-Me encantó charlar con usted y puesto que los martes y los jueves por la tarde lo tengo libre… Siempre y cuando usted esté de acuerdo, por supuesto. Quizás prefiera un muchacho para hablar de cosas de hombres…
El viejo no pudo evitar que la perrita le chupara las manos, ni pudo evitar llorar, y mucho menos pudo evitar abrazar a la joven como hacía años que no abrazaba a nadie.

jueves, 30 de enero de 2014


El debate de Travis


La televisión local del pueblo de Humilla apenas se mantenía económicamente. Eran pocas las ayudas que recibían de la comunidad y los impuestos tenían otras prioridades. La programación era pobre, los concursos de tarde noche no conseguían entretener a los pocos televidentes q sentados en sus sofás buscaban el relax después de un duro día de trabajo y los espacios dedicados a las noticias estaban demasiado tergiversados por la mano del alcalde. A pesar de todo, los sábados por la noche emitían un evento en directo q mantenía a todo el pueblo pegado a sus televisores. Era un simple debate entre dos ilustres humillenses, el profesor Robledo y el abogado Brezo.        
El programa era comúnmente conocido como Roble contra Brezo y nació hace dos años a raiz de una discusión muy acalorada entre ambos durante un coloquio. El profesor defendía el derecho de un estudiante de la localidad a una beca de estudios por resultados positivos en sus calificaciones y el abogado clamaba al cielo alegando decenas de razones urbanísticas q priorizaban sobre la educación. El profesor intentaba hacer entender al abogado que la educación de los estudiantes del pueblo y su preparación para la enseñanza de grado superior suponían los cimientos de un futuro profesional e intelectual. Y el abogado se reía de la ingenuidad del profesor y le faltaba con pequeños insultos q realmente salían de su corazón y le espetó a la cara q esos muchachos que él defendía tan fervientemente como el futuro del pueblo, se largarían de Humilla a las primeras de cambio, q los abandonarían en cuanto pisaran la universidad de la gran ciudad.
El debate fue tan intenso y sonado q al dia siguiente no se oía hablar de otra cosa. Y tan rápido como un rebaño mezclado es capaz de separarse y distinguir a su pastor, el pueblo se dividió y eligió su guía. Durante semanas no se oía hablar de otra cosa que no fuera la discusión entre el profesor Robledo y el abogado Brezo, en los comercios, en los edificios públicos e incluso en la iglesia, pero donde mas repercusión tuvo fue en los bares donde el vino es capaz de dar tal veracidad a los propios argumentos que varias fueron las discusiones que terminaron en peleas. El médico, que se postulaba del lado del abogado atendía con desigual interés las heridas de los enfrentados, dependiendo de que lado estuvieran. 
Con tal revuelo montado, la cadena local se citó con los dos protagonistas y les propuso participar en un espacio único y sorprendente en el que por medio de un arbitro moderador, debatieran sobre los temas de actualidad de la localidad. Era una magnifica oportunidad para la cadena de aumentar los niveles de audiencia y el alcalde se frotaba las manos con el auge que cobraría la casi extinguida televisión. El hombre que a pesar de simpatizar con los pensamientos del abogado, nunca se decantó en público por ninguno de los dos.

Los siguientes debates fueron tremendos duelos lingüísticos entre ambos. Defensas y ataques vehementes justificaban las charlas de los lunes en los puestos de trabajo. Y cada sábado otro tema hacía saltar chispas en los televisores y en el sencillo plató de la cadena. Hubo veces que el moderador y miembros del equipo de rodaje tuvieron que intervenir para que la discusión no llegara a mas. Pero pasaron los meses y los asuntos del programa iban perdiendo importancia pero para los duelistas no. Al contrario, cada sábado se preparaban en sus casas como verdaderos púgiles, desayunaban fuerte, leían todos los diarios del quiosco para tener la mayoría de los datos bien contrastados y apenas prestaban atención a los asuntos domésticos que les rodeaban. 

Hace pocos meses el programa presentaba como tema de controversia el habilitar zonas para perros en los parques. A pesar de que el profesor Robledo tuviera un magnífico ejemplar de fox terrier llamado Travis al que adoraba, y sacaba a pasear todos los días de la semana a excepción de  los sábados, curiosamente se mostró en contra de la creación de estos espacios. Y sencillamente lo hizo porque el abogado Brezo que empezó el turno de palabra, se había postulado a favor. Y tan fuerte era el odio que se tenían que hasta sus propios ideales se habían nublado. Y lo que antes pensaban que era admisible, no podía ser aprobado por las dos partes. El juego se había viciado y el rencor y aversión que se reparaban ya no justificaba sus ideales.

Los sábados pasaron y el público que en masa se había dejado liderar por unos pensamientos en su origen puros y primitivos, habían perdido gran parte del interés. Ya no se sentían representados, no pertenecían a esos ideales, se delataban adulterados por el odio y el ansia de victoria. 

La audiencia bajó totalmente el sábado pasado cuando para ver quién llevaba razón respecto a mantener cerrada una presa o abrirla, se lo jugaron a un pulso. El que ganara, llevaría razón, y el otro aceptaría la derrota y se arrodillaría ante el todopoderoso vencedor. El espectáculo resultó tan vergonzoso que la cadena de televisión local no sólo canceló el debate de los sábados, si no que cerró por orden del alcalde de forma radical.

Un grillo sonaba a lo lejos y mientras se rascaba con la pezuńa un costado, se despertó. Era un nuevo dia. A los pocos segundos Travis recordó el sueño que había tenido. Era una pesadilla inquietante, en toda su vida canina había soñado con humanos y mucho menos cosas tan extrańas y surrealistas. A los 10 min estaba corriendo por el parque y veía a su amigo Robledo con cierta aspereza. No entendía la negativa a la creación de zonas especiales para los de su raza. A la hora, el recuerdo onírico había dejado de existir y comía pienso de un bol mientras olisqueaba cierto olor a hembra que le llegaba del aire.